Actualidad

Descargar Fantoche 11

La libertad de creación
El hecho artístico es un largo proceso reflexivo que nace de la observación
de la realidad para después recrearla y transformarla. Pero la
creación artística no es sólo un acto íntimo, una manifestación que
procura un gozo intelectual o meramente contemplativo, sirve también
para mejorar la vida de los demás, para procurar ciudadanos de
espíritus observadores y críticos. El Arte, por lo tanto, no es neutral,
tiene vocación transformadora, provoca cambios en las ideas y en las
realidades sociales. Para lograrlo, la creación tiene que transcender
del ámbito privado de su autor, mostrarse a los demás con todo su
esplendor para que adquiera así su verdadero significado expresivo
convirtiéndose entonces en Arte. Pero en este arduo proceso creativo,
el artista sufre todo tipo de interferencias que mediatizan su creación.
La primera interferencia que puede sufrir el creador es la autocensura;
los límites éticos o estéticos que él mismo se impone buscando la
“corrección” y renunciando entonces a la faceta transgresora del arte.
Otro factor que condiciona la creación artística es el mercantilismo.
Con frecuencia, las instituciones públicas hacen dejación de su obligación
de defender y apoyar el arte y la cultura como bien público
de interés general que indiscutiblemente es. Para justificar tal abandono,
se intenta convencer a las compañías de teatro con el “mantra”
de que son “industrias culturales”, que deben procurarse la autosuficiencia
económica y salir al mercado a vender sus montajes teatrales
como si de una mercancía cualquiera se tratara. De este modo, el arte
y la cultura se cosifican. El trabajo del creador se resiente urgido por
la inmediatez de producir buenos resultados económicos, acuciado
por la necesidad imperiosa de sobrevivir, atrapado en ocasiones en
la producción de espectáculos “de batalla” o con temática referida al
gran fasto que ese año toca festejar o conmemorar porque es lo que
vende. Suele ocurrir entonces que si es industria quizá no sea Arte.
Otro factor que interfiere en la producción artística es el intrusismo. El
teatro de títeres para niños padece una tensión constante con el mundo
de la educación. Al trabajar el titiritero con edades muy sensibles,
la pedagogía tiende a inmiscuirse amablemente en su trabajo para
señalar cuáles deben ser los contenidos y enfoques de sus espectáculos.
Fue así como se impuso la obligación de redactar las “fichas pedagógicas”
que tan imprescindibles se han hecho en la programación
escolar. Una tarea asumida que ya casi nadie cuestiona y que no debiera
realizar el titiritero, porque fijar los objetivos a trabajar en el aula
antes o después de ver una obra, es misión del maestro porque está
formado para ello. Por consiguiente, la función primordial del teatro
no es la educadora (cuestión diferente es que las herramientas del
teatro sean de gran utilidad en la educación); no persigue aleccionar
o moralizar, ni encauzar comportamientos humanos. Es cierto que el
teatro es poliédrico, pero su gran valor reside en su potente facultad
de provocar, de inquietar o emocionar, de transgredir, de inquirirnos
para que reflexionemos de modo crítico sobre la realidad compleja
que nos rodea.
La creación artística tampoco es ajena a un nuevo paradigma social
que intenta preponderar con fuerza: la ideología de pensamiento
único que destierra la opinión diferente y que pretende ciudadanos
dóciles y uniformados. El único reproche que debe soportar la propuesta
artística de un titiritero es el del público. Tomar a los creadores
como rehenes de disputas políticas, exponerlos como señuelos en
la plaza pública, victimizarlos con ataques desaforados, convertir un
hecho artístico (acertado o no) en un delito de opinión, no puede ser
nunca admisible en una sociedad democrática y de pensamiento plural.
Sucesos recientes de esta índole, han servido para constatar que
hay que seguir reivindicando con fuerza la libertad de creación para
que el acto de crear no devenga en un comportamiento casi heroico.
Según lo indicado, aunque no haya verdades absolutas en lo concerniente
a la libertad de creación, no obstante, si hacemos un análisis
crítico de cualquier proceso creativo, podemos concluir que hay múltiples
factores que lo interfieren y dificultan. Por eso, de igual modo
que para el docente “la libertad de cátedra” es un derecho reconocido
de larga tradición, para el artista, la libertad de creación debiera ser
un derecho inviolable, un refugio seguro donde poder cobijarse de
intromisiones ajenas. Sin libertad no hay Arte.
Ramón del Valle Vela
Miembro del equipo de redacción