Fantoche número 2

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Hace más de cincuenta años que el teatro de títeres en Europa ensaya nuevas rutas de expresión, como lo hizo la pintura con la aparición del impresionismo y la pintura abstracta.

Es así como podemos ver que elementos cotidianos de nuestro entorno se convierten en personajes y son animados creando formas peculiares de “títeres” en los escenarios de teatro. Cabe distinguir entre las técnicas tradicionales usadas por el títere creando personajes expresamente para ser manipulados y vivir en una escena y por otro lado los objetos desvirtuados de su finalidad utilitaria y convertidos en un agente activo de la escena, simulando ser títeres y en definitiva lográndolo en tanto a su cualidad de personaje escénico.

La irrupción del teatro de objetos, formas animadas, esculturas en movimiento y demás expresiones artísticas llevadas al territorio de la marioneta como forma de expresión y percepción, son más allá de cualquier polémica, términos inventados por los analistas del teatro de títeres que en su mayoría nunca han actuado o pisado un escenario.

El teatro de títeres recrea una metáfora de la vida, donde el actor se relega a un segundo plano en un acto de generosidad y humildad, poniéndose al servicio de la marioneta o compartiendo escena al mismo nivel que ella. En este panorama todo cabe para expresar y comunicar, que en definitiva es lo que nos mueve como artesanos del teatro.

Los espectáculos de títeres amplían sus formas y sus fronteras, llegando a abstraerse y  rompiendo las barreras propias, dando vida a elementos que en un principio no fueron creados para ser manipulados ni para dar cobijo a un personaje. En este punto podemos tomar en cuenta dos realidades en el teatro de títeres: una es la del títere propiamente dicho, como elemento físico, palpable y tangible; y la otra es el mundo de los títeres, su evocación y su realidad como metáfora, como campo de acción teatral, como forma de vida escénica. Es aquí donde comulgan los objetos y los títeres.