No saquen las cosas de quicio

Guillermo Gil

El pasado viernes, 5 de febrero, los titiriteros de la compañía Títeres desde abajo fueron detenidos en Madrid al realizar su espectáculo acusados de enaltecimiento del terrorismo. Su pecado fue hacer aparecer en escena un cartel en el que ponía “Gora Alka-ETA”. No parece que nadie haya dudado en la interpretación  del texto, la prensa no se ha parado a ver si formaba parte de la historia, si querían decir textualmente lo que decía el cartel o todo lo contrario. Parece ser que eso da igual. Ese fue su pecado y esa misma tarde acabaron presos. La penitencia puede llegar a cuatro años y medio de cárcel.

Entonces, ¿Cuando el cazador mate al lobo para salvar a Caperucita, acabarán también los titiriteros en prisión por fomentar el maltrato animal? ¿Cuándo el príncipe bese a Blancanieves les detendrán por necrofilia? ¿Cuándo los padres dejen a Pulgarcito en el bosque les encerraremos por apología del abandono familiar? No saquemos las cosas de quicio.

Si el espectáculo no era adecuado para el público infantil el programador debería haberlo sabido y la compañía debería habérselo avisado al público al comenzar la función. Una vez que el programador no sabía qué espectáculo traía y que la compañía no avisó del contenido de la obra, lo que el público debe hacer, como verdadero juez autorizado, es abandonar su butaca y quejarse al responsable. Simplemente un gesto tan sencillo como quejarse es suficiente castigo, porque es difícil que una compañía trabaje si su espectáculo no gusta y provoca quejas. De ahí a meter en prisión a todos los actores de los espectáculos que no nos gustan, va un mundo.

Pido la puesta en libertad de los miembros de la compañía Títeres desde abajo, que las disputas políticas que buscan constantemente armas arrojadizas que lanzarse no provoquen injusticias, que no se apliquen penas desproporcionadas, que no se cercene la libertad de expresión y que quien juzgue al teatro sea el público con su aplauso o su abucheo.