REFLEXIONES DE ALBERTO CEBREIRO

Miguel Arreche

Ante la imposibilidad de hacerlopor si mismo, Alberto me ha pedido que lo meta a través de mi. Lo mismo le ocurre a algún otro socio. Si no lo pueden resolver por si mismos, os sugiero que escribáis a la secretaría de UFE y en última instancia, podéis contar conmigo.

OTRAS REFLEXIONES SOBRE EL CONGRESO DE UNIMA DE 2016

Por Alberto Cebreiro

En base a las dos reflexiones hechas por Miguel Arreche en las que señala las pautas de calidad, juventud, novedad de los espectáculos y el posible sentido ibérico, mediterráneo o latinoamericano de esos -por mi parte acertadísima cantidad de  35 espectáculos “visionables”-, me animo a apuntar un ítem más: La comprensibilidad de los espectáculos .

Teniendo en cuenta los diferentes públicos a los que se van a ofertar, que estos espectáculos además de reconfortar a mis ojos, a mis oídos, pueda entender  lo que me está diciendo o transmitiendo su creador y así captar emocionalmente toda  su integridad artística

Y entonces se me ocurren algunas alternativas, pensando que estamos internacionalmente hablando de un país que habla castellano, una de las primeras lenguas mundiales.

1. Que los espectáculos  que deban usar la palabra como elemento para entender la trama o su contenido, sean en castellano y aquellos que usen traducciones, la usen sin desvirtuar  su expresividad teatral original, para no pasar por la penuria de escuchar a actores hablando como robots.

2. Que los que vengan con espectáculos en su lengua propia, sean espectáculos que por su  visualidad, o por su tradicionalidad, por su exotismo, por su originalidad, por el uso de un argumento  universalmente conocido u otras situaciones similares, sean captados  en su totalidad o por lo menos, el asombro por su espectacularidad o su singularidad  equilibren  la circunstancia de no “entender nada de lo que decían”.

3. Por supuesto los espectáculos mímicos, sin palabras.

Decir esto puede ser polémico y más teniendo en cuenta que este Congreso se hace en País Vasco, tan necesitado de consolidar el euskera. Pero me respaldo en mi conocimiento como argentino de nacimiento, de que los vascos tienen un gran cariño por América  latina que fue su tierra de cobijo o de promisión en épocas anteriores, y ese afecto por ese continente indudablemente trae aparejado una simbiosis cultural, que incluye nuestra lengua latinoamericana común.

Otra cosa que apuntaría, dentro de este tema y de lo que cultural, social y políticamente  supone estar en Europa siendo “un país del sur” como Italia, Grecia, Portugal y con gran contacto con Iberoamérica,  que no desaprovecháramos la oportunidad de mostrar con cierta ventaja cuantitativa, que si no somos “tecnológicamente tan productivos” como otras áreas de Europa, somos artística y creativamente capaces de asombrar y emocionar a muchos.

He estado en otros festivales, sin ir más lejos, el “mundial” de Charleville, con una gran cantidad de espectáculos franceses, que no tienen casi ningún filtro de calidad y que cada uno de ellos puede gozar de varias representaciones,  cuando  en cambio acontece que un espectáculo de otro país solo tiene una única representación.

No deberíamos seguir ese ejemplo,  ni  de otros festivales a los que he asistido, donde hay cierto “tufillo” de influencia de determinadas áreas geográficas.  Debemos tener en  cuenta la internacionalidad del Congreso, la europeización de Donostia  y el sentido democrático de nuestra asociación. Pero a pesar de ello, yo me atrevo a decir  que no tengamos complejo en aprovechar esta oportunidad que se brinda a un país ibérico en 84 años de existencia de la UNIMA.

Y finalizo con un apunte práctico. Teniendo que en cuenta que el Congreso está pensado para mayo o junio, y si queremos que vengan jóvenes,  facilitemos la utilización de campings para el alojamiento, previendo medios de transporte público que faciliten su desplazamiento. Y también conseguir que la universidad, los institutos o los colegios ofrezcan sus comedores  estudiantiles o escolares. Y también, por qué no, que los titiriteros vascos ofrezcan sus casas, como lo hicieron los titiriteros alemanes cuando se hizo el Congreso en Magdeburgo. Incluso algunos de ellos ofrecían, desde otras ciudades, días antes o posteriores al Congreso, la posibilidad de compartir unos días en sus casas, para intercambiar oficio y amistad.